Me gradué como Publicista en la Tadeo, en Bogotá, por allá en 1981.  Durante el último semestre de clases, nos daban 4 seminarios dictados por renombrados publicistas en un legítimo intento por darnos descanso de la académica teoría y acercarnos un poco al mundo real.  Se podría decir que de esos seminarios sacamos mucho más aprendizajes que de muchas materias del programa regular de estudios.  Eran muy buenos.

 

Recuerdo que el que más me gustó duraba 2 días, en un retiro de fin de semana, y lo dictó Jorge Molina, un Director de Cuentas Senior que en ese entonces trabajaba en la agencia Atlas Publicidad.  El tipo era brillante como publicista y además encantador, pues le tocaba serlo como ejecutivo de cuentas que era.  Al menos así lo veíamos los nóveles futuros publicistas de la época.  Bien impresionables que éramos, naturalmente.

 

Uno de mis compañeros le preguntó la clásica:  “¿Qué es lo que nos puede Usted enseñar que nos vaya a servir de verdad durante toda la carrera?”.

 

Nunca se me ha olvidado lo que nos dijo:   “…realmente hay dos cosas que les serán siempre útiles saber, porque siempre será así.  Todo lo demás, es totalmente impredecible.  Primero, al momento de la presentación, siempre, irremediablemente sucede, se va a dañar el proyector.  Y lo otro, nunca se vistan mejor que su cliente.”

 

Tenía razón.